Molinos de viento

Posted Mayo 12, 2008 by José Humberto
Categories: Psicochoros

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Y dime, linda niñita, ¿sabes sumar?- preguntó la Reina Roja

-Oh, sí, por supuesto -contestó Alicia-; sí, su real majestad, aprendí en la escuela.

-Bien, entonces respóndeme cuánto es uno más uno más uno más uno más uno más uno más uno más uno más uno más uno.

-Oh, no sé, su real majestad, perdí la cuenta…

-No sabes sumar.

Lewis Carrol “Alicia en el país de las maravillas”

 Con semejantes preguntas no queda más que respirar profundo durante algunos segundos y encontrar el valor necesario para lanzarle al susodicho profesor el reclamo que se merece. Una cosa es la necesidad de evaluar de alguna manera el conocimiento de los alumnos y otra muy distinta es pasarse la tarde entera maquinando ese examen, esa prueba, ese filtro que de una vez por todas separará a los hombres de los niños (y a las mujeres de las niñas, compañeros y compañeras).

Un filtro al que por cierto bien podría dársele una retocadita, una remendadita. Porque si bien es lo suficientemente denso como para no permitir el paso a cualquier colado distraído que quiera aventurarse más allá de su territorio, el caso es que le elimina también la posibilidad a muchos otros distraídos de hallar un bonito y sonriente número que nos haga la vida un poco menos amarga desde su rinconcito en la boleta de calificaciones.

Hay temas que vimos y no se preguntan; hay temas que se preguntan y no vimos; hay temas que por su obvia y exagerada sencillez no fueron cubiertos por los cursos pero que igual sirven de base para todo aquello que a los docentes se les ocurra desarrollar después; y por supuesto hay temas que nos hubieran simplificado la vida desde el mero principio, por lo que hablar de ellos está tan implícitamente prohibido como preguntarle su edad a las chavas.

Respondiendo a la pregunta que le hicieran a Alicia: sí, sí sé sumar, lo aprendí en la escuela. Lo que no sé es cómo distribuir mi tiempo de forma que pueda prepararme con tiempo para enfrentar esas entidades quijotescas llamadas exámenes. No sé cómo identificarlas de frente, cómo entender su fisonomía a detalle para así sonreírles mejor. Me doy cuenta que sus rostros reflejan más que unas cuantas ecuaciones y ejercicios molestos. Reflejan mi propia pereza para trabajar; mis propios miedos e inseguridades que me acosan; mi propia fortaleza escondida.

Molinos de viento

Y cual función inversa, estos molinos de viento lunar me han ayudado a comprender que puedo ser yo el que implemente el tipo de reflejo que quiero ver. De mi esfuerzo puede surgir la luz que rebote en cuanto cristal se cruce en mi camino. Es una batalla muy al estilo de los caballeros del zodiaco: ganará el cosmos más fuerte y constante. Ya veremos de qué universo salen más correas. Por lo pronto, me voy con todo al ataque: “¡Dame tu fuerza, Rocinante!”

Prosopagnosia

Posted Mayo 9, 2008 by José Humberto
Categories: Cienciadeses, Psicochoros, Ángeles

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Hey, siempre que respiro tu imagen,

siento que me tocas con guantes

como falta de expresión

como tocarte en la televisión.

Enrique Quezadas (”Hacia atrás”)

 

 Lo que soy yo mismo no puedo verlo,

lo que veas de mí no puedo esconderlo,

ni siquiera cargo con mi armadura

el que pueda herirme hallará en mi hechura

sangre mestiza sin condición

que mantiene abierto mi corazón.

Fernando Delgadillo (”Desfile de antifaces”)

 

Clowns all around you

clowns that only let you know

where you let your senses go

clowns all around you

it’s a cross I need to bear

all this black and cruel despair

this is an emergency

don’t you hide your eyes from me

open them and see me now

can you see me now?

t.A.t.U. (”Clowns”)

 

I wake up in the morning

put on my face

the one that’s gonna get me

through another day

doesn’t really matter

how I feel inside

’cause life’s like a game sometimes.

Avril Lavigne (”Naked”)

Silencio Epigenético

Posted Mayo 5, 2008 by José Humberto
Categories: Cienciadeses, Psicochoros

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ADNTan importante es el contenido como la forma. Aún teniendo una sustancia insuperable, interesante, perfecta, es necesario contar con una manera efectiva, eficiente, clara, y, en la medida de lo posible, bella para trasvasar aquel mar interior hacia el vacío de lo externo. Tanto trabajan los músicos como el director; los lectores como los autores; los diseñadores de sitios Web como el usuario final. Se requiere que cada una de las partes entienda su rol en el proceso para que pueda llegarse a un feliz término en el proyecto que se emprende.

Y un ser humano no es precisamente un banal proyecto. Miles de millones de procesos y sustancias preprogramadas se echan a andar cada vez que una nueva persona quiere ir tomando forma. Es una operacion delicada: requiere de un balance extremo, de dosis controladas y precisas, de cambios y recambios realizados de manera exacta y definida. Basta tan sólo con alguna pequeña perturbación en esa balanza sangrona para que se obtenga como resultado una cita mensual con psicólogos y psiquiatras por el resto de la vida.; sesiones de rehabilitación, dependencia a los psicofármacos, un blog lleno de incoherencias. Todo esto se obtiene.

Semejante atropello a la razón tiene su origen en los silencios del pasado; o más bien, en la falta de silencios: genes callados que de pronto se ponen a hablar; proteínas parlanchinas que sin más comienzan a callar. Estrés, tensiones, preocupaciones, dudas existenciales, dudas amorosas… todo esto influye en la manera en que nuestro código interior se va configurando. Ya sea que hayamos heredado el cielo o el infierno; que tengamos más o menos recursos faciales o verbales con los cuales atrevernos a enfrentar a la terrible carterita que todo lo compra; el hecho es que el ambiente nos modifica, nos cambia. y no sólo a nosotros, sino también de manera imperceptible a nuestra descendencia futura y ultrafutura.

Lo que vivamos hoy se verá reflejado en la vida diaria de nuestros bisnietos, así como los ancestros sin nombre influyen en nuestra naturaleza actual. Estas son las lecciones de la Epigenética: un nuevo enfoque a las teorías del desarrollo evolutivo y la transmisión de la herencia. Lecciones que nos imponen de alguna manera mayor responsabilidad en el cuidado de nuestra salud porque, si estamos dispuestos a autosabotearnos la existencia, ¿estamos dispuestos a hacer lo mismo con la de nuestros queridos y anónimos tataranietos?

El poder del cosmos

Posted Mayo 2, 2008 by José Humberto
Categories: Psicochoros

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Caballeros dorados

Este día estoy feliz porque, después de chorrocientosmil años de espera, varias generaciones luego de la primera transmisión de la primera saga, por fin pasaron completa en TV abierta la saga de Hades de los ya no tan jóvenes Caballeros del Zodiaco. Y de veras que ya se habían tardado: nos tuvieron esperando prácticamente toda nuestra adolescencia a los fans más veteranos que crecimos viendo cómo se surtían a cada rato a los pobres caballeritos de bronce, y cómo ellos, sin darse por vencidos nunca, les partían la… armadura a cuanto enemigo se les pusiera enfrente, sin importar si se trataba de caballero de plata, de oro, guerrero sagrado, general marino, diputado, empresario o portero de los Pumas.

Fue emocionante ver a los honorables caballeros dorados enfrentarse entre sí, debatirse entre el deber de proteger a Atena y la lealtad hacia sus colegas áureos. De alguna manera todos ellos sabían desde un principio que todo aquel desbarajuste era doloroso pero necesario, y que varios de ellos habrían de ofrendar sus vidas con tal de dejar al destino seguir su avance. Aunque, por supuesto, hubiera sido muchísimo más sencillo hablar claro desde un principio y evitar así todo este derroche de sangre. Pero entonces no habríamos tenido esas extarordinarias escenas animadas de la cosmoenergía elevándose hasta el infinito mientras dos Exclamaciones de Atena colisionan en la casa de Virgo. Excelentes escenas, muy emotivas.

Y luego viene la muerte de Shaka, la redención de Kanon, la desesperación de Mu, la fortaleza de Doko, el amor de Radamanthys hacia Pandora, la indiferencia de Ikki, la amistad entre Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun. Emociones al límite. Varias lágrimas seguramente brotaran de los ojos de aquellos que tengan una relación profunda con esta serie de anime que ha marcado la vida de muchos. Es como para alegrar el cosmos en estos tiempos de tensiones y arrepentimientos. Y, al final de todo, la pregunta continúa: ¿cuándo rayos les reconocerán a nuestros héroes su esfuerzo? Digo, tan siquiera un aumentito de sueldo o algo, ¿no?.

Espejo humeante

Posted Abril 30, 2008 by José Humberto
Categories: Psicochoros

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Tezcatlipoca negroCuando el ser humano se asoma directamente al interior de su propio corazón, descubre aspectos de sí que nunca imaginó que pudieran estar ahí presentes. El miedo, el horror, y la vergüenza lo atrapan y por un momento se deja caer entre las sombras de su miseria personal. Se siente morir ante tantos despojos de humanidad, retazos de lo que debería ser y aún no es.

El hombre avanza por el mundo; es un trozo de divinidad que busca el camino hacia las alturas, esa serpiente emplumada con su naturaleza dual: una parte que se arrastra por el suelo, sin brazos ni piernas, obligado a reptar en medio de piedras y espinas; y una parte alada, aérea, que le permite volar e imaginar reinos que se extienden más allá de lo que sus ojos le dejan ver.

Quetzalcóatl (cuya traducción literal es “la serpiente emplumada”), se lanza sin mucho pensarlo en la aventura de rescatar el mundo, guiado tan sólo por la bondad de su corazón y la ignorancia que le da su falta de experiencia. Se enfrenta a los mismísimos dioses con tal de recrear la tierra y los hombres que en ella viven, con tal de asegurar la supervivencia de este mundo tantas veces destruido por su maldad intrínseca e inevitable.

Nuestro héroe viaja a la región de los dioses eternos, los verdaderos creadores de todo; viaja al Mictlán, la región de los muertos, donde recoge los restos mortales de los humanos de épocas pasadas para amasar con ellos una nueva humanidad, renovada, purificada, dispuesta a trabajar por el bien de los otros en beneficio de la comunidad. Quetzalcóatl establece su nuevo reino en la antigua ciudad de Tula: el lugar donde se conectan el cielo, la tierra y el inframundo, el espejo celestial que reproduce la armonía que se vive en el universo entero.

Pero es aquí, justo cuando su misión parecía completa, que este hombre con aspiraciones extraterrenas se horroriza ante su propia debilidad. Bastó con que su principal enemigo, el dios Tezcatlipoca, le mostrara su reflejo en el espejo negro que siempre lleva sobre el pecho. Se trata del espejo humeante, el vórtice por el que cada quien viaja a la zona más atrasada y primitiva de sí mismo. Ahí se puede ver todo aquello de lo que aún no nos hemos desprendido: el miedo a la vida y a la muerte, la inactividad ociosa, las palabras hirientes que proferimos conscientemente, el deseo de que otros no sean mejores que nosotros, la envidia, los celos, el odio, la frialdad, las omisiones, la ignorancia, la indiferencia.

Sin duda en este mundo no se puede alcanzar la perfección. Es necesario asimilar nuestras propias fallas y planear con cuidado cómo habremos de compensarlas. Un tiempo de reflexión interna se vuelve vital para poder seguir conduciéndonos por la vida. Y no será sino hasta que estemos listos para volver que todos nuestros amigos, enemigos y conocidos, la gente que nos quiere y que nos odia sabrá verdaderamente de qué estamos hechos. Aunque esto no implica que debamos literalmente subir a una piragüa y embarcarnos en el mar de oriente prometiendo un día volver. Tan sólo tenemos que cumplir el compromiso de viajar mar adentro en la sangre para encontrar a la persona celestial que todos somos y que casi nunca logramos ser.

¿Dónde fuiste a volar sabia serpiente de preciosas plumas de Quetzal?

¿Dónde el conocimiento te ha llevado, qué hay allá

que no te ha permitido regresar?

Y prométeme volver con la primera estrella que eres tú al amanecer

desde la barca viva de tu exilio y ahí donde está

se aparece un lucero Quetzalcóatl

se aparece un lucero Quetzalcóatl…

Fernando Delgadillo (de la canción “Primer estrella de la tarde”)

Mientras sea diferente de nulo

Posted Abril 26, 2008 by José Humberto
Categories: Geekeses, Psicochoros, Ángeles

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Código fuenteUna vez estando dentro del ciclo, es imposible salir a menos que la soberana e implacable condición deje de cumplirse. No es sino hasta que todos los procesos internos se han realizado a su entera satisfacción que se le concede permiso a los valores obtenidos de salir de ese suplicio recursivo y empezar a explorar el mundo exterior: lo que hay más allá de su anterior hogar, la región desconocida en donde habitan pléyades de condicionales, arreglos, objetos, nuevos ciclos y variables, muchas variables.

Es cuando se lanzan a esta aventura que nuestras variables comienzan a interactuar con sus semejantes; platican e intercambian ideas con sus compañeras de clase, e incluso con aquellas declaradas en clases aparte. Las del mismo tipo se llevan mejor entre ellas, pero también existen maneras de lograr una comunicación entre las de naturaleza distinta. Siempre se pueden inventar protocolos para facilitar el diálogo de dos variables con aparentemente nada en común. Es increíble descubrir que nos podemos llevar bien con alguien tan obviamente diferente y alejado a nosotros que nunca nos habíamos tomado la molestia de conocer. Y es inquietante también darse cuenta de que existe alguien a quien entendemos perfectamente y que nos puede entender.

Y cuando los viajeros se reúnen luego de un pesado día de trabajo, resulta interesante oír sus historias, sus anécdotas, sus temores y esperanzas. Nunca falta quien ha recorrido mundo: una vida enredada entre ciclo y ciclo; están también lo recién inicializados, apenas descubriendo las áreas de oportunidad dentro de este programa; estamos los ex-deprimidos, los renacidos, los que en su tiempo creímos que nuestro penar nunca terminaría, hasta que de pronto, con la mayor desfachatez y violencia, nos tropezamos con una returncita de pelo largo, risueña y brillante que nos pone de nuevo en la batalla.

El camino sigue; aún falta mucho código por compilar. Entre alegrías y tropiezos, en la ambivalencia de ser monstruo o príncipe valiente, entre el decir y el callar, nuestras vidas corren y se tocan y se entrelazan. Ya sea que nos preocupemos por darnos valor y por ser todo el tiempo conscientes de nuestro valor, o ya sea que nos sintamos menos que una variable sin inicializar, el hecho es que seguimos aquí, flotando en el tiempo de ejecución, ocupando espacio de memoria. Y antes de que se complique demasiado la lógica del sistema, sería conveniente tomarse un tiempo para quererse a sí mismo, aceptarse, identificar los bichos que nos estorban la mente, y, a partir de aquí, avanzar.